MONTERREY, N.L., JUEVES 23 DE MARZO DE 2006 EDITORA: LILIANA
Identidad, questions de arte y reflexión
Jorge Castañeda Ochoa
Lejos de las aulas, de los salones de conferencias universitarios, de los
“marcos teóricos”, entre las paredes permeables, desnudas que se identifican
con una dirección, Tapia No. 1212, David Hernández abre con el
salón marcado con el número “4” un signo de interrogación.
Quizá la humanidad se ha caracterizado con los movimientos, los éxodos,
las migraciones, las poblaciones y repoblaciones de territorios, pero ahí,
donde un televisor proyecta una imagen de una tortilla contra el horizonte
de Chicago cabe una pregunta: ¿Qué es la identidad?
Veracruzano de nacimiento, David Hernández Casas vive desde hace tres
años, junto con millones de personas que alguna vez cruzaron el Río Bravo,
en los Estados Unidos. Pero su obra, enmarcada en la exposición “El Otro como
Marilyn” que ayer se inauguró en el recinto cultural independiente
Espacio en Alto Riesgo, lo lleva más allá, a plantearse eso que en algún momento
pareció trascendido con el concepto “globalización”, con la posmodernidad.
“Para mí ha sido, como para mucha gente que viene a los Estados Unidos a
vivir, muy difícil porque intentas ser parte de una sociedad que tiene
muchos prejuicios hacia los inmigrantes, aún cuando es una nación de
inmigrantes. “Un particular interés en ese aspecto es estar en medio de dos culturas, de
dos lenguas distintas, dos formas de ver al mundo distintas. Y las contradicciones
en las que cae uno como parte de un proceso de ajuste en la cultura
norteamericana. “Busco poner entre signos de interrogación
el concepto de identidad cultural, porque cuando uno se muda a un
país nuevo, y funciona para todo mundo que anda en tránsito, hay que
hacer frente a un proceso de absorber la cultura para poder ser funcional,
pero a la vez rechazas una gran parte de ella.
“Es una especie de negociación cultural que se tiene constantemente.
Trato de poner entre signos de interrogación el concepto de identidad
porque se convierte en otra cosa la gente que vive en otros países, y que
luego, cuando regresa a su país se encuentra otra vez con un choque cultural”.
Quizá aquel hombre del siglo XIX que habló de borrar las fronteras para
los que no poseen terruño alguno, de entenderse en la fraternidad de los
desposeídos, hablaba de lo que se ha convertido uno de tantos ejemplos,
Estados Unidos. “No quiero decir que digo la verdad, sino al contrario, trato de ponerme
a mí mismo entre signos de interrogación y decir: Bueno, ¿quién soy
yo en relación con estos dos países y estas dos lenguas?
La identidad, dice, es algo que se forma por imitación, “como en el
video donde imito a Lawrence de Arabia, aprendemos a hablar
imitando, por eso la figura del padre y de la madre es tan importante
“Todo forma una identidad, pero la identidad es algo que no es fijo, es algo que es flexible y se mueve. Entonces, en un mundo que a pesarde todo se ha convertido para muchos en lugar de tránsito, se le pregunta: ¿Por qué no plantearse la posibilidad
de una pluralidad en la identidad, en la
cultura? “Hay que hablar de una identidad esquizofrénica de alguna forma. Yo
me comporto diferente aquí que en Estados Unidos, también cuando estoy
con mis papás, cuando estoy con minovia, con mis amigos.
“Uno de los grandes problemas con la identidad es el ‘esencialismo’, de
purificación racial, que nos lleva a vivir mucha violencia por el color de
piel, la forma en que se habla, porque hay una acento. “Para mí eso es algo
muy importante, que veamos la identidad como algo pluricultural, ¿no?”
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